Amarga enfermedad

Su fotografía, el dolor, 
 el vacío, la desesperación 
 por querer fundirse en un abrazo 
 de eses que detienen el tiempo 
 desencadenó un ataque de ansiedad 
 aún más fuerte de aquel que sufrió 
 cuando ella se fue.

 Sus ganas se esfumaron, 
 sus fuerzas se rompieron. 
 Su virilidad desapareció, 
 las piernas se doblaron 
 y cayó en la cama. 

 Acaba de sentir el brazo amargo 
 de la depresión y junto con 
 la mochila del arrepentimiento 
 ejercían un peso demoledor en su alma, 
 incapaz de soportar.
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Emprendedor, escritor, novelista y crítico. Amante de las buenas historias, lector empedernido y guerrero de la vida. Siempre disfrutando de los pequeños regalos y placeres de la vida. Construyendo un mundo.

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